Los jóvenes en el mercado laboral español

La crisis económica ha pegado muy duro a distintos, numerosos y variados sectores de todas las sociedades desarrolladas y, que en teoría, son del Primer Mundo. Cada país tiene sus problemas internos y puede ocasionar distintos comportamientos en los políticos de esa región para atajar el aspecto negativo que creen que es conveniente. Los ciudadanos pueden salir a la calle para quejarse por una serie de medidas que creen que es injusto y que ha aprobado el Ejecutivo de una potencia. Pueden ser trabajadores que se manifiestan por la decisión del director de una empresa y que les gusta. Hay miles de ejemplos y de situaciones por las que un país atraviesa, solamente, por sus propias crisis internas.

Pero, si a esto le añadimos una externalidad negativa, puede provocar reacciones aún más negativas en el comportamiento de los individuos que viven en una país, en teoría, bueno para subsistir. Una externalidad negativa es un acontecimiento que viene del exterior y que afecta, en todas las facetas, a las decisiones de un Gobierno, de una sociedad o de los empresarios.

En otras palabras, antes de la crisis económica, España vivía bien y se mantenía como una de las potencias europeas que más estaba creciendo a nivel económico. La gran mayoría de los ciudadanos gastaban sin preocupaciones y vivían en una posición muy cómoda. Cuando se empezó a notar la recesión, los individuos que habitan en el país ibérico no pensaban, en su mayoría, no se preocupaban y seguían gastando y viviendo como antaño. Pero, una vez que la crisis agudizó, empezaron los problemas. Antes de que existiese la recesión, España tenía sus propios problemas internos. Pues bien, con la ‘bienvenida’ de la crisis hace casi seis años, los problemas se han multiplicado por diez para todo el mundo. Los problemas que existían antiguamente ya no son ‘problemas’ como los que está viviendo la sociedad hoy día.

Subida de impuestos, recortes en las becas, manifestaciones todos los días, casos de corrupción política, despidos a tutiplén y tantos otros problemas que uno no puede abarcar todo.

Uno de los problemas más graves que está sufriendo España es el éxodo de la juventud. Es la emigración hacia otros países en busca de oportunidades y de mejorar la vida que aquí no encuentran. Con un 26% de paro – entre todos los españoles-, es decir, casi seis millones de personas que no tienen un trabajo y, por lo tanto, no tienen un ingreso económico, se les hace muy complicado. De ese elevadísimo porcentaje, hay distintos nichos de población. Es decir, que hay intervalos de edad que afectan más a unos que a otros la tasa de desempleo. Entre ellos, se encuentran los parados de larga duración y los jóvenes.

En España, el nivel de desempleo juvenil abarca un 55%. O lo que es lo mismo, de un total de dos jóvenes, menos de uno está trabajando y un poco más de la unidad está en el paro. Es decir, grosso modo uno de cada dos jóvenes está en el paro. La respuesta de ellos es clara. Emigran a otros países de la Unión Europea o Latinoamerica en busca de una oportunidad laboral y de unos ingresos. Se van a la aventura, en muchos casos, a buscar algo y empezar a vivir en un sitio donde pueda comer y vivir. El futuro no es nada halagüeño para ellos. La gran mayoría de los sectores están muy masificados donde al joven español se le da una escasa confianza para poder trabajar en una empresa o en un puesto de trabajo. Muchos se han ido y, tanto el presente como el futuro, indica que si la situación laboral en España no mejora, seguirán marchando porque aquí no enecuentran nada. Según estudios e informes, casi un 40% de jóvenes están dispuestos a irse del país.

Laura Mintegui
Estudiante de derecho en la Universidad Complutense de Madrid.